“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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miércoles, 18 de abril de 2012

SOBRE EL DESARROLLO DE LAS PLANCHAS DE GRADO Y EL TRABAJO EN LOGIA EN EL RER



Convendría entender correctamente qué sentido tiene el Trabajo en una Logia rectificada.
Al tratar este tema, me vienen a la mente las palabras de Jean-Baptiste Willermoz cuando en una carta escrita a un candidato recién recibido en Logia de Aprendiz le dice:
“El origen y objeto esencial de esta Institución son muy antiguos así como muy poco conocidos, incluso para un gran número de aquellos que llevan el título de Masón, porque en su mayor parte, de la nuez se contentan con la cáscara y pocos buscan encontrar su fruto...”
Me remontaré, en primer lugar, al momento mismo de la fundación de nuestro Régimen Escocés Rectificado y su expansión por toda Europa en el Convento de Wilhemsbad de 1782, en cuyas actas se recoge la intervención del mismo Willermoz cuando intenta definir la ciencia masónica y su relación con otras ciencias:
“... el objetivo de los emblemas, figuras y ceremonias de la masonería simbólica será el de conducir a aquellos que la estudian al conocimiento teórico y a la práctica de la ciencia masónica...”
Y bien, exactamente, ¿en qué consiste esta Ciencia masónica o Ciencia del hombre, tal como también era llamada por Joseph de Maîstre?
Cuando comenzamos los trabajos en el Grado de Aprendiz, la instrucción por preguntas y respuestas nos dice:
  • ¿Qué es la francmasonería?
  • Es una escuela de virtud y sabiduría, que conduce al Templo de la verdad, bajo el velo de los símbolos, a los que la aman y la desean.
Pero a medida que avanzamos por los sucesivos grados simbólicos, se va percibiendo que “La Masonería fundamental tiene un objetivo universal, que la moral por sí sola no podría cumplir (...) Su objetivo es el de iluminar al hombre sobre su naturaleza, su origen y su destino”. (I.S. GP.)
Y es así que, cuando culminamos la Iniciación masónica en el 4o Grado de Maestro Escocés de San Andrés, en la Instrucción final de la ceremonia de Iniciación se nos dice:
“La Francmasonería bien meditada os recuerda continuamente y por todo tipo de medios vuestra propia naturaleza esencial. Busca atrapar las ocasiones de haceros conocer el origen del hombre, su destino primitivo, su caída, los males que son su consecuencia, y los recursos que la bondad divina le ofrece para triunfar”.
Queda pues definido el objeto verdadero de esta Ciencia masónica o Ciencia del hombre, hacia la cual nos conducen nuestros emblemas, figuras y ceremonias. Para el masón rectificado, son nuestros emblemas, figuras y ceremonias los que representan en clave masónica este objeto (esta Ciencia), y no otros.
Esta Ciencia, pues, que no es exclusiva de la masonería como también reconoce Willermoz en Wilhemsbad, está masónicamente codificada en nuestros rituales. Corresponde pues al masón decodificarla de forma conveniente y para ello cuenta con un auxilio veraz y eficaz: “cuando para perfeccionar vuestro trabajo, busquéis la Luz que os es necesaria, recordad siempre que la hallaréis en Oriente y que sólo allí la podréis encontrar”(Cierre de los Trabajos en Grado de Aprendiz). Efectivamente, iluminando nuestros emblemas, figuras y textos rituales con esta Luz que permanentemente está situada a Oriente y que no es otra que la que proviene de la Biblia, y más en particular del Nuevo Testamento, podremos poco a poco descorrer el velo de los símbolos, que viene a figurar el que nuestra existencia física en estado caído extiende sobre nuestro ojo espiritual impidiendo no solo ver la verdad desnuda, sino recordar con exactitud quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
Todo esto queda encuadrado en esta metodología propia que nos ofrece la vía iniciática masónica, metodología que nos introduce en un espacio-tiempo sagrado donde el poder combinado del verbo, el gesto, el símbolo y la acción construyen, tanto dentro como fuera de nosotros, el Templo en cuyo interior la presencia divina se manifiesta, se encarna, hace morir en nosotros al viejo hombre y nos conduce a la resurrección eterna, proceso que resume nuestra divisa Perit ut Vivat y que no es otro que la imitación de aquel que fue el verdadero modelo: Nuestro Señor JesuCristo.
Este proceso está completo en nuestros rituales simbólicos, graduado desde el de Aprendiz al de Maestro Escocés de San Andrés.
El Grado de Aprendiz recuerda el estado primitivo del hombre y su posterior caída; el Grado de Compañero su estado presente y la forma de rectificar o reparar las consecuencias de la caída; el Grado de Maestro le orienta hacia su estado futuro, ayudándole a discernir entre lo que es corruptible y perecedero en este mundo y aquello que es incorruptible y eterno; y finalmente, el Grado de Maestro Escocés de San Andrés le muestra su destino glorioso que debe ser alcanzado por el desarrollo de las virtudes.
Después de muchos años de trabajo somos testigos de que nuestros rituales son una fuente inagotable de reflexión, de sabiduría y de instrucción, de orientación y de guía, de perfeccionamiento moral y de tantas otras cosas... No solo por el contenido intelectual que deriva de sus emblemas, figuras e instrucciones doctrinales, que debidamente alumbrados con la Luz de Oriente desborda el corto periodo que dura nuestra existencia física, sino por el método iniciático que golpeando en nuestra mente y en nuestro corazón despierta la visión del espíritu, activa nuestra memoria y amplia nuestra conciencia.
Pretender injertar en nuestros trabajos códigos extraños (Alquimia, Música, Tradición Sufí, Cábala, etc.), que por otra parte son muy respetables, sólo conduce a la confusión, porque inevitablemente se mixturan idiomas diferentes y se abre la puerta a la dispersión, en un primer lugar de las formas y con el tiempo de los fondos, que no siempre son concordantes o afines a pesar de las apariencias.
De todo lo dicho se deduce igualmente que la doctrina y el método del RER, o Ciencia masónica, no sólo es completamente actual al hombre de hoy, de nuestro tiempo, sino que recoge el modelo arquetípico del hombre en su dimensión eterna y sagrada; pasada, presente y futura, como acabamos de ver.
Desgraciadamente, como decía más arriba, rememorando de nuevo las palabras de Willermoz, “incluso para un gran número de aquellos que llevan el título de Masón, ...de la nuez se contentan con la cáscara y pocos buscan encontrar su fruto...”
Por propia experiencia y por lo que venimos observando en otras Obediencias que también están practicando el RER, cada vez que se pierde el verdadero espíritu de nuestra Ciencia masónica se termina en una desviación que conduce en el menor de los males a una dispersión sin sentido, y en el peor de los casos a una perversión contra-iniciática.
¿Quiénes de los que actualmente practicamos el RER puede decir que supera en luces a aquellos que diseñaron la arquitectura ritual y doctrinal de nuestro Régimen?
Contentémonos, mis QQ. HH., con llegar a vislumbrar la luz que a través de la Orden nuestros Maestros nos dejaron e intentaron transmitirnos.
Concluiremos este apartado resumiendo la metodología de Trabajo que habitualmente aplicamos en nuestras Logias Simbólicas para la elaboración de Planchas en y para la formación de los Hermanos de esta Clase, y que es consecuencia lógica de los fundamentos que acabamos de exponer:
FORMA DE HACER PLANCHAS O PRESENTAR TRABAJOS EN LAS LOGIAS SIMBÓLICAS:
  • Toda Plancha o Trabajo desarrollado en las Logias Simbólicas debe partir siempre del Ritual de Grado (Se entiende que la Regla Masónica al uso de las Logias Reunidas y Rectificadas de 1782 está incluida en el Ritual del Grado de Aprendiz). Esto quiere decir que los temas tratados son sacados del Ritual. No se improvisan temas ajenos al Ritual. 
  • Los Hermanos analizan cuidadosamente a través del Ritual el sentido y el desarrollo que a través del mismo recibe el tema en cuestión, orientado según nuestra doctrina, pasando inmediatamente después a iluminarlo con la Luz de Oriente, esto es, a complementar y ampliar el simbolismo o los principios doctrinales del Ritual a través de las debidas referencias bíblicas, especial- mente del Nuevo Testamento (“El Evangelio es la base de nuestras obligaciones...” – Regla Masónica, Arto I, II). 
  • Será necesario que además de este fundamento teórico los Hermanos reserven el espacio necesario para que su corazón se exprese, debiendo personalizar sus argumentos según su inspiración, pues de poco serviría hacer un trabajo exclusivamente erudito si no hay una implicación emocional que lo vivifique y a través de la cual se integren los contenidos en la propia vivencia inmediata.
  • Una vez hecho y profundizado en lo anterior, se puede ir ampliando con otros autores (aquí no hay límite siempre y cuando se mantenga la coherencia con lo ya compendiado), sin olvidar la importancia que para todo masón cristiano tienen los Padres de la Iglesia.
Siguiendo esta metodología partimos de la Ciencia masónica trabajando sobre y con ella, iluminados por la Luz de Oriente, manteniéndonos a cubierto del “triste delirio de aquel que cierra sus ojos a la luz y se pasea por las espesas tinieblas del azar” (Regla Masónica, Arto I, I) y de los “vanos sofismas que prueban la degradación del espíritu humano cuando se aleja de su origen” (ídem). La Luz emana de esta Ciencia y desde allí se expande a través de nuestras acciones y de los efectos saludables de la virtud, que derivan de la enseñanza de las máximas recogidas en el Ritual, hacia las tinieblas exteriores. El camino no puede ser el inverso, no podemos iluminar nuestros Templos y nuestra Ciencia con los sofismas del exterior o a través de ciencias profanas o extrañas, por más exóticos y seductores que estos puedan llegar a ser. Esto es así porque la Ciencia masónica es la que despierta en nosotros el verdadero sentido de nuestra existencia, eje alrededor del cual gira todo lo demás para el Masón Rectificado. Podríamos despertar este mismo sentido de otra forma, pero entonces no estaríamos haciendo masonería sino otra cosa.
El Masón iluminado así por su Ciencia podrá finalmente, habiendo alcanzado la debida maestría, “utilizar con energía y éxito todos los medios que la Providencia [le] ofrece para ser útil a los hombres y saborear los encantos de la beneficencia” (Regla Masónica, Preámbulo), pues “el universo es la patria del Masón, y nada de lo que tenga que ver con el hombre le es extraño” (Regla Masónica, Arto IV, I).

Eques a Sacro Corde

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