“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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viernes, 13 de julio de 2012

Nacimiento carnal versus nacimiento espiritual



 En verdad, en verdad te digo que si uno no nace de lo alto no puede ver el reino de Dios. […] Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del espíritu, espíritu es” 
Juan III:3 y 6

Algunos comentarios de los Padres:


Un nuevo nacimiento dentro de la imagen de la Resurrección:

“Así pues, nosotros esperamos ver el reino de Dios, porque, mientras somos mortales, no podemos ir allí si tras nuestra muerte no somos resucitados incorruptibles. Creemos que tal cosa sucede de forma simbólica en el bautismo. Nacemos de nuevo en una imagen de la resurrección, es decir, en un nuevo estado de existencia”.
Teodoro de Mopsuestia (350-428),
Comentario al Ev. de Juan

Los dos nacimientos:

“Existen dos nacimientos (…). Uno es de la tierra y otro es del cielo; uno de la carne y otro del espíritu; uno de la mortalidad, otro de la eternidad; uno de hombre y mujer y otro de Cristo y de la Iglesia”.
Agustín de Hipona (354-430),
Tratados sobre el Ev. de Juan

La carne es la muerte, mientras que el espíritu es la vida:

“Sabemos que la carne, a causa del pecado, está sometida a la muerte, y que el espíritu de Dios es incorruptible, dador de vida inmortal. Y así como a la generación según la carne le acompaña inseparablemente una fuerza para hacer perecer lo engendrado, así también es claro que el espíritu otorga a quienes son engendrados por él una fuerza vivificante. ¿Qué se deduce de lo dicho? Que nosotros, apartándonos de la vida según la carne a la que necesariamente sigue la muerte, hemos de buscar aquella vida que no lleva consigo el séquito de la muerte”.
Gregorio de Nisa (335-394),
Sobre la virginidad


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