“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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sábado, 18 de agosto de 2012

En relación al desventurado episodio de la entrega de los rituales del RER al Monasterio de Montserrat

Hechos acaecidos en Facebook en los que se recriminaba la entrega me han hecho reflexionar y asumir mi parte de culpa. Voy a tratar de explicarme:

El 7 de febrero de 2005, una delegación del GPDH encabezada por su Gran Maestro Ramón Martí, su Gran Canciller y un servidor, depositamos, en las manos del Abad del convento benedictino de Montserrat Dom Josep M Soler, los rituales del RER con la intención de permitir, que las jerarquías de la Iglesia católica puedan estudiar y leer con detenimiento – si era éste su deseo – nuestros rituales y textos que utilizamos habitualmente, pudiendo con ello disipar todos los prejuicios existentes que llevan a que sólo la Iglesia católica sea la única que sigue desaconsejando a sus feligreses la pertenencia a la Masonería, en el bien entendido, que tendrán que hacer con ello distinción entre las distintas masonerías existentes, de corte andersoniano unas y otras abiertamente liberales e incluso anticlericales, y la Masonería cristiana y Caballeresca del Régimen Escocés Rectificado.

Este hecho se encontraba enmarcado en una operación más amplia de contactos con la Jerarquía Católica y con el propio Abad de Montserrat, al igual que con otros abades de diversas ordenes.

La intención no era otra –en nuestra inocencia– que intentar hacerle ver a la Iglesia que la Masonería no es su enemiga, y que las ordenes cristianas masónicas podíamos ser incluso unos buenos aliados para acercar el cristianismo a la sociedad actual.

La elección del Monasterio de Montserrat fue hecha a consciencia tras asegurarnos que ese era el lugar en donde los rituales estarían más seguros y menos expuestos a miradas indiscretas.

Yo no puedo asumir culpa en este acto, ya que la responsabilidad recaía toda en el Serenísimo Gran Maestro, a quienes estos hechos le causaron más de un problema tanto dentro como fuera de la Orden, pero debo decir que siempre creí en el proyecto y en cierto modo, me siento como impulsor de este movimiento.

¿Lo volvería a hacer?

En las circunstancias actuales y tras haber tirado mi último cartucho con la iglesia (podéis leer mis últimas desventuras en este sentido en este mismo blog, haciendo click aquí), no lo volvería a hacer, pues me ha quedado claro que la Iglesia Católica, no solo no es sensible al planteamiento que le hicimos, sino que prefiere azuzar a sus masas contra la Masonería, –no pongo en duda las buenas intenciones de los Abades y Obispos que nos recibieron y alentaron, sino de sus superiores en Roma– supongo que por aquello de que es mejor fabricar enemigos externos antes que reconocer los propios errores.

De todas formas, mi corazón me pide que extienda una disculpa: Lo siento, mis intenciones eran buenas, pero me equivoqué. Me equivoqué en dos aspectos: primero, el creer que la Iglesia podía tener interés en lo que les proponíamos y segundo apartarnos de los demás masones, los cuales nos han demostrado con creces que a pesar de haberles dejado de lado, siempre han tenido los brazos abiertos hacia nosotros, y por otro lado por poner en duda su autenticidad iniciática.




3 comentarios:

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  2. Querido H. En primer lugar no creo que sea un error, no lo es desde el momento en que la acción se asienta en la bondad y la buena intención, en segundo lugar no tienes porque dar explicaciones a nadie, la dudas y reproches externos sobre aquello que se desconocen solo demuestran una cosa, y en tercer lugar, mucho menos pedir disculpas. Tu, como yo podemos tener muchos defectos, pero carencias de buena fe no esta entre ellos. Un abrazo

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