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sábado, 15 de septiembre de 2012

Controversia entre el dogma de la "resurrección de la carne" de las Iglesias y la doctrina de Martines de Pasqually. Jean-Marc Vivenza



 Este texto corresponde a la nota 8 del trabajo titulado

Escrito por Jean-Marc Vivenza
actual 
Gran Portavoz del Gran Priorato de las Galias
 
Los esfuerzos, casi desesperados, para tratar de salvar, por ejemplo (pero se podrían añadir muchos otros), la postura eclesial que proclama y defiende el dogma de la “resurrección de la carne”, con la concepción martinesista de la creación material, por comprensibles que estos puedan ser según una orientación que conocemos bien, y de la cual tenemos las mayores reservas desde hace ya tiempo, se enfrentan a un grave problema, del que parecen no darse cuenta los que tratan de conciliar lo inconciliable, dando lugar a inconsistencias teóricas que no puede dejar de asombrar por la acrobacia semántica a la que se ven obligados cuando hablan, por ejemplo, de una “carne” para describir el cuerpo de gloria, destinando a esta “carne”, como un fantasma terminológico (pues en definitiva no es la carne, pero se la quiere llamar así), las promesas de eternidad espiritual. Este ejercicio improbable carece de toda validez en relación con las tesis de Martines, esto, dicho sin animosidad y con amistad, es simplemente absurdo. Reiteramos con firmeza que “una espiritualización de la carne” o una “carne espiritualizada por la regeneración”, es una imposibilidad en términos de Martines, la cuadratura del círculo, ya que la “carne”, en el sentido exacto que le da el autor del Tratado sobre la reintegración, siendo la forma corporal material temporal y terrestre del hombre caído “obra [de una] operación concebida y ejercitada por la obra de mis manos mancilladas” (Tratado, 44), evidentemente no ha sido jamás gloriosa ni se beneficia de la incorruptibilidad y de la eternidad en los escritos de Martines, por lo que no se puede conferir a la forma corporal gloriosa de Adán, “forma impasiva y de una naturaleza superior a la de todas las formas elementarias”, el calificativo de “carne”, lo cual es una contradicción radical, tanto en términos de vocabulario martinesista como de todas sus ocurrencias, pues la carne, es decir, el cuerpo material, es, para el taumaturgo bordelés, tanto en el Tratado como en los rituales o textos Cohen, una consecuencia de la prevaricación: “Sin esta prevaricación, no hubiese habido creación material temporal, tanto terrestre como celeste; (...) Llegarás a conocer la necesidad de toda cosa creada, y la de todo ser emanado y emancipado” (Tratado, 224).

Por lo tanto, hay que ser coherentes.

Podemos, en los dos extremos totalmente opuestos de la cadena, a un lado y a otro:
  1.  Adherirnos fielmente a la fe de la Iglesia en su presentación sobre el hecho de la Creación (viendo el mundo material como un don, y de la misma forma el cuerpo carnal del hombre) y sus consecuencias, lógicamente con la esperanza de una regeneración de la carne y su vocación a la eternidad por la purificación y espiritualización definitiva de su esencia, simplemente marchitándose y debilitándose no sustancialmente sino accidentalmente un tiempo por el pecado, hasta la resurrección de los muertos.
  2. O por el contrario, apoyar las tesis de Martines, al igual que lo hicieron Willermoz y Saint-Martin, considerando que la creación material fue en primer lugar un castigo para los espíritus rebeldes y la carne una envoltura tenebrosa, habiendo transformado sustancialmente a los hijos de Adán en seres de materia impura, viendo así el aniquilamiento de las formas corporales durante la reintegración como una verdadera liberación y el retorno a la Unidad espiritual original.
O si no, no respetar fatalmente la cohesión interna de las doctrinas, olvidando voluntariamente el objeto de su secuencia conceptual, cayendo en la trampa de la combinación disparatada, queriendo tener, en un ejercicio de falta de lógica evidente, un origen tenebroso de compuesto material creado como castigo de la rebelión de los malos espíritus y del crimen de Adán, “contaminado por una creación tan impura”, con un destino espiritual de la carne fundamentado por los Padres de la Iglesia, y en primer lugar por san Ireneo, del que podemos citar íntegramente sin lugar a dudas el libro V de su obra Adversus haereses, pero para lo cual también podrían resultar ventajosas, en cierta medida, todas las decisiones de los concilios ecuménicos donde el tema ha sido considerado, lo cual no cambia en nada el problema, ya que no conduce a ninguna otra “cosa” que a la edificación de una abstracción conceptual no sólo singularmente errónea, sino también absolutamente insostenible, ya que no puede ser aceptada paradójicamente ni por la misma Iglesia (que se indigna siempre que se argumenta el carácter “necesario” de la creación y rechaza violentamente la idea de una “prisión material” que Martines comparte con Orígenes), ni mucho menos por ninguna Orden auténtica resultante de la herencia martinesista, y obviamente pensamos en primer lugar en el Régimen Escocés Rectificado que es el único que conecta directamente por Willermoz y por una transmisión iniciática efectiva con el autor del Tratado de la reintegración, y cuyas instrucciones en todos los grados ven la voluntad de una “espiritualización de la carne” como quimérica y llaman al alma, desde el estado de Aprendiz, a desprenderse de los “vapores groseros de la materia”.

Es por este motivo que esta voluntad de reconciliar la posición martinesista con la fe dogmática de la Iglesia no tiene absolutamente ningún sentido en el plano eclesiástico, como tampoco en el iniciático, ya que conduce a un callejón sin salida categórico en forma de perspectiva basada en un análisis condenado a un fracaso inevitable. La única actitud coherente, si se quiere considerar participando verdaderamente de las Órdenes de las que se pretende ser miembro, es asumir claramente el pensamiento de sus fundadores, por supuesto cuestionándolo, trabajándolo, profundizándolo que es lo más deseable, pero por encima de todo respetándolo en sus afirmaciones y fundamentos esenciales, y no tratar de torcerlos o transformarlos con contorsiones teóricas inaceptables para hacerlos, mediante un ejercicio improbable, “doctrinalmente compatibles” con la enseñanza de la Iglesia.

Queda pues, lo que está permitido y sin ninguna duda es preferible cuando el conflicto se vuelve muy doloroso, la solución de unirse a la Iglesia y vivir en ella plenamente su fe de forma no esquizofrénica. Creemos, sin embargo, que otro camino es posible, el de admitir la diferencia doctrinal, reconocerla honestamente, y considerarla como una “particularidad especial” postulando la no incompatibilidad entre la fe y la antropología platónica en el seno de la esposa de Jesucristo. Si la idea de universalidad significa algo -y las divergencias entre corrientes tan opuestas (agustinianos, tomistas, escotistas, etc.), incluyendo la economía de la Salvación, dentro del catolicismo es un buen ejemplo- ¿por qué el iluminismo místico, que vuelve a apoyar las tesis de Orígenes después de la cristianización de Martines operada por Willermoz y Saint-Martín en las Lecciones de Lyon (1774-1776), no tendría posibilidad de un lugar humilde, con su singularidad, dentro de la casa del Padre? Tenemos la convicción de que una respuesta no cerrada a priori puede ser dada a esta cuestión, no adhiriéndose a la idea de que la metafísica griega sea totalmente contraria al cristianismo, lo cual dejamos de apoyar hace ya tiempo, y es sobre esto que tendremos la ocasión de volver para explicarlo con más detalle en un próximo texto: “Por un retorno a Orígenes”.

8 comentarios:

  1. Il serait honnête de préciser que, dans ce texte, JM Vivenza NE S'EXPRIME PAS EN TANT QUE PORTE-PAROLE DU GRAND PRIEURE DES GAULES. C'est son analyse personnelle qu'il présente, et qui n'est pas partagée par les dignitaires du GPDG.

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  2. Quel dignitaires? Les dignitaires sont ils contraires a la doctrine de l'Ordre?

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  3. La remarque d'a Tribus Liliis est juste. Lorsque Jean-Marc Vivenza s’exprime sur son blog il le fait en tant qu’écrivain développant ses analyses au sein de son espace virtuel privé. Il serait donc préférable de ne pas faire état de ses fonctions officielles sur internet lorsqu’on évoque ses travaux.


    Mais cette remarque fait cependant surgir deux questions importantes :

    - 1°) A quel titre a Tribus Liliis, Grand Aumônier du GPDG, intervient-il en utilisant blason et nom d’Ordre ce qui engage la structure initiatique dont il est membre, lorsqu’il fait part de ses opinions dans l’espace internet en parlant même ici au nom des « Grands Dignitaires » ?


    - 2°) Quelle peut être l’analyse des Grands Dignitaires du GPDG qui ne serait pas en accord avec les bases doctrinales du Régime Ecossais Rectifié, telles que rappelées par Vivenza dans ses études sur la matière, et quelle est donc la nature de cette nouvelle analyse ?

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  4. Totalment d'accord Hadrien

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  5. Je réponds pour la dernière fois.
    Sur son blog, JMV ne dit nullement que sa thèse serait celle du porte-parole du GPDG, c'est-à-dire celle officielle du GPDG. Cela résulte de la seule présentation du GEIMME, qui est une extrapolation. Il n'y a pas de doctrine officielle du GPDG, lequel n'est pas une secte, et par conséquent le GPDG n'a pas mandaté JMV (ce qu'on pourrait inférer de la présentation du GEIMME. Dire que la thèse de JMV est "la" doctrine de l'Ordre est hasardeux. C'est là une opinion que tout le monde ne partage pas, moi le premier, comme le président du GEIMME le sait.
    Laissons donc les opinions particulières demeurer ce qu'elles sont, et ne les transformons pas en dogmes.
    Cela précisé, je n'interviendrai plus.

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  6. Pourquoi a Tribus Liliis refuse t-il l'idée que le Régime rectifié possède une doctrine, en ramenant l'exposé qu'en fait Jean-Marc Vivenza (même s'il ne s'exprime qu'à titre privé et non officiellement au nom du GPDG), à une "opinion personnelle" (sic), voilà qui est très problématique et inquiétant ?

    J’ai eu hier soir un long échange privé avec a Tribus Liliis, je récuse totalement sa position qui est un refus des évidences.

    Il n'y a pas "d'opinions personnelles" au rectifié, mais une doctrine, ce qui est bien différent !

    Quant à son interprétation elle ne peut donner lieu à une exégèse particulière qui pourrait affirmer le contraire de ce que les "Instructions" posent comme vérités à admettre à tous les grades.

    Tout le monde admet dans le milieu maçonnique en France et à l’étranger, que Jean-Marc Vivenza fait un énorme travail de mise en lumière de la pensée willermozienne, notamment ces derniers temps sur la question du composé matériel, qui ne relève pas de "l'opinion", mais bien au contraire de l'exposition fidèle des positions du Régime - et Vivenza est un spécialiste de ce type d'exercice dans le domaine philosophique universitaire - ce qui est tout de même une garantie de validité et de sérieux des analyses qu'il effectue.

    Il n'est ainsi pas possible que l'on conteste, au prétexte d'une "exégèse" qui serait partisane ou de prétendues "opinions personnelles", les affirmations positives de Willermoz rappelées par Vivenza sur le caractère nécessaire de la Création, la nature immatérielle d'Adam avant la chute, la destination de la chair à l'anéantissement et la vocation purement spirituelle de l'homme dans l'éternité.

    Ce ne sont pas là des "opinions personnelles" de Vivenza (même si elles contredisent les dogmes de l'Eglise, et on soupçonne que tel est le grave problème pour a Tribus Liliis et la direction actuelle du GPDG), mais le rappel précis, sourcé, avec citations à l'appui, des affirmations figurant en toutes lettres dans les textes de Willermoz, et en particulier les "Instructions secrètes" du Régime, ce que tout frère un peu instruit sait et connait parfaitement.

    De ce fait, dire que l'on adhère aux positions soutenues par Willermoz, positions rappelées et exposées avec grande fidélité par Jean-Marc Vivenza, ne devrait donc pas représenter, au prétexte assez peu crédible d'éviter le "dogmatisme" ou les "opinions particulières", un exercice trop insurmontable pour un Grand Prieuré Rectifié...

    Cela semble pourtant être devenu le cas pour l'actuel GPDG et certains de ses Grands Dignitaires… c’est très étonnant ?

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  7. Totalmente de acuerdo de nuevo con Hadrien. La doctrina Rectificada es muy clara en sus posiciones, que son las que evidencia el trabajo de Jean-Marc. Eso no son dogmas, como ocurre en la Iglesia, son enseñanzas doctrinales que dan sentido y coherencia a nuestras ceremonias inicáticas y a nuestros símbolos, porque en definitiva expresan lo mismo.
    Quiero alclarar que el hecho de poner bajo el nomnbre de Jean-Marc Vivenza el título de su actual cargo en el GPDG no signifa que esté escribiendo o comunicando algo oficial en nombre de la Orden. Significa única y exclusivamente que ocupa este cargo actualmente en la Orden.

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  8. Pour terminer ma question sera toute simple : a Tribus Liliis adhérez-vous à la doctrine du Régime Ecossais Rectifié et pouvez-vous souscrire à ces passages qui se trouvent dans les "Instructions secrètes" destinées aux Grands Profès du Régime ?


    Les voici, ils ne sont pas des "opinions particulières" de Jean-Marc Vivenza, mais la doctrine du Régime rectifié.

    L'admettre c'est être membre de l'Ordre.....la refuser entraîne un retranchement formel de son lien spirituel avec le Régime fondé par Jean-Baptiste Willermoz (nous choisissons volontairement ceux mis en ligne par Vivenza, mais ils pourraient être suivis de dizaines d'autres identiques tirés des mêmes "Instructions secrètes") :


    « Les corps, la matière, les animaux, l’homme même comme animal, et tout l'univers créé ne peuvent avoir qu'une durée temporelle momentanée. Ainsi donc tous ces êtres matériels, ou doués d'une âme passive, périront et s'effaceront totalement, n’étant que des pro­duits d’actions secondaires, auquel le Principe unique de toute action vi­vante n'a coopéré que par sa volonté qui en a ordonné les actes (….) Comme le Temple matériel élevé par les ordres de Salomon fut détruit dès que la gloire du Seigneur et les vertus qu’il y avait attachées s'en furent retirées, de même aussi le Temple universel cessera lorsque l'action divine en aura retiré ses puissances, et que le terme prescrit pour sa durée sera accompli.»

    « Ce qui est dit des corps particuliers doit s'appliquer de même à l'uni­vers créé ; lorsque le temps prescrit pour sa durée apparente sera accompli, tous les principes de vie, tant générale que particulière, en seront retirés pour se réintégrer dans leur source d'émanation. Les corps et la matière totale éprouveront une décomposition subite et absolue, pour se réintégrer aussi dans la masse totale des éléments, qui se réintégreront à leur tour dans les principes simples et fondamentaux, comme ceux-ci se réintégreront dans la source primitive secondaire qui avait reçu puissance de les produire hors d’elle-même. Cette réintégration absolue et finale de la matière et des prin­cipes de vie qui soutiennent et entretiennent son apparence, sera aussi promp­te que l'a été sa production ; et l'univers entier s'effacera aussi subite­ment que la volonté du Créateur se fera entendre ; de manière qu'il n'en res­tera pas plus de vestige que s'il n'eût jamais existé. »


    « Les principes matériels et grossiers, semblables au ca­davre de l'homme, restent sur la terre,réduits en cendres inanimées qui n'ont ni action ni vertus. »

    « C'est cette dissolution des corps et de la matière en général qui est désignée dans le 3ème grade par le cadavre d'Hiram, dont la chair quitte les os. Lorsque les liens qui unissent l'âme passive avec le corps, et l’être spirituel avec l'âme passive, viennent enfin à se détruire, l’âme se réintègre dans sa source particulière. Comme elle a été sans intelligence, elle n'est sus­ceptible ni du bonheur, ni des pâtiments, et rien n'arrête sa réintégration. Le corps ou le cadavre, à qui la vie était absolument étrangère, reste aban­donné à la corruption ; il se dissout, et l'homme a rendu à la terre tout ce qu'il en avait reçu. Dès lors l'esprit, dégagé des entraves de le matière, avec laquelle il ne fut jamais immédiatement uni, se rapproche plus ou moins de l'une ou de l’autre des deux causes opposées qui se manifestent dans l’univers temporel, selon que, s'étant plus ou moins purifié ou corrompu, il a contracté plus d'affinité avec elles. C'est ainsi que finit l'homme terrestre (…) Les principes matériels et grossiers, semblables au ca­davre de l'homme, restent sur la terre, réduits en cendres inanimées qui n'ont ni action ni vertus. »


    J.-B. Willermoz, Instructions secrètes des Chevaliers Grands Profès, fonds Georg Kloss, Bibliothèque du Grand Orient des Pays Bas, à La Haye [1er catalogue, section K, 1, 3].

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