“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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lunes, 22 de octubre de 2012

Alocución del Gran Maestro del GPRDH en la San Miguel 2012


AL .G: .D: .G: .A: .D: .U:.

REFLEXIONES SOBRE LAS VIRTUDES: SOLIDARIDAD Y PAZ


La Francmasonería es una escuela de virtud y sabiduría, que conduce al Templo de la Verdad.
Pablo en Filipenses 4:8 nos dice: “Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de honorable tenedlo en cuenta, es virtud”.
La virtud, decimos, no es otra cosa que una disposición habitual y firme de hacer el bien.
El Cristianismo en sus diversas iglesias ha diferenciado dos clases de virtudes: Las Teologales y las Cardinales. Las primeras, (Fe, Esperanza y Caridad) se contienen en un numero cerrado de tres “numerus clausus”; las segundas, tradicionalmente, se concretan en cuatro. Sin embargo su numero es ampliable al amparo del adverbio “todo” que utiliza Pablo. Es decir, toda acción humana que reúna los principios que Pablo enseña y comunica a los Filipenses es virtud. Estas virtudes, las Cardinales también son denominadas “Virtudes Humanas “(catecismo Iglesia Católica apart. 1804) ya que se realizan mediante la libertad y la voluntad debidamente ordenadas según las enseñanzas cristianas.
En el ordenamiento de la Doctrina Rectificada, las Virtudes Cardinales fundan, animan y caracterizan los cuatro grados de la M simbólica: la Justicia como virtud humana, es la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La Templanza, La Prudencia y La Fortaleza son también virtudes humanas cuya práctica se fundamenta en la voluntad del hombre. La Templanza en sus pensamientos, palabras y obras; La Prudencia que debe dirigir al hombre en todas sus acciones y la fuerza que ayuda a practicar todas las demás. (4º grado R.). A estas hay que añadir las que se invocan al Ser Eterno e infinito en la plegaria de apertura de logia: “Que se premie nuestro celo en la construcción del templo que hemos emprendido para Tu Gloria y se fundamenta en la sabiduría, la belleza y la fuerza, virtudes todas  que de Ti emanan.”
En torno a estas virtudes humanas existen otras que las complementan y desarrollan y que son constantemente invocadas por movimientos religiosos y sociales: Son la Solidaridad y La Paz.
La Solidaridad, considerada virtud por muchas comuniones cristianas, entre ellas por la Católica (Catecismo I.C. 1942). Es un valor que debe acompañar permanentemente al ser humano, para que arraigue en él de tal forma que sea algo connatural a su forma de comportarse socialmente. Esta virtud nace del convencimiento de que todos los hombres somos iguales: Hijos de Dios, un mismo Padre, por ello hermanos y miembros de una gran familia que es la humanidad y a nosotros Ms cristianos, nada de lo humano nos es ajeno (Rg art. 4). La Solidaridad se complementa con actos de una beneficencia dulce, consolante y universal (R.Az).
El hombre solidario actúa siempre en beneficio ajeno, con renuncia de su propio interés, sin predica de dogmatismos, sin sermones moralistas ni fines de proselitismo. Finalmente, la solidaridad requiere avivar constantemente el sentido de fraternidad por encima de cualquier otra consideración, y es el precedente necesario para alcanzar La Paz.
La Paz como virtud es el resultado de vivir en armonía con la Ley Humana, cuando está derivada de la Ley de Dios. La Paz es la consecuencia inevitable de practicar la virtud de la Justicia. Contrariamente es inalcanzable cuando la convivencia humana se sustenta en principios contrarios a La Ley de Dios. El hombre no tiene excusa para no derivar las leyes humanas (sociales) de las de Dios. “Penetrad en los repliegues de vuestro corazón, sondead hasta el fondo de vuestra alma para encontrar allí el conocimiento de vos mismo”.
Todo hombre que baja al fondo de si mismo sabe de Dios y quien sabe de Dios a fondo conoce sus leyes. El hombre porta una débil luz al nacer, esta luz es la voluntad y ley de Dios grabada en el corazón que permite distinguir el bien del mal (R. Az y compa).
“Mi paz os dejo mi paz os doy”, dijo Jesús a sus discípulos. Este legado de Cristo está referido a la paz espiritual que solamente la puede alcanzar el hombre mediante una progresiva reconstrucción de su ser, desde su estado de degradación y alejamiento de Dios hasta su integración en el seno de la Divinidad, conducido por la infinita misericordia del Cristo Reparador. 
Pero existe otra paz, la terrenal, preconizada por Cristo: “Bienaventurados los que construyen la paz” (Mateo 5:4). El hombre por su propia naturaleza está obligado a vivir en compañía de otros, su prójimo, lo que da origen a la vida en sociedad. Esta produce un permanente contacto físico, con ventajas e inconvenientes derivados de las propias limitaciones del ser humano, por lo que necesita ser ordenada y legalizada. Cristo conocedor de que cada hombre tiene unos talentos distintos y que cada uno hace uso de la libertad de forma diferente, consideró necesario que para la obtención y como base de una Paz social, dictar  una ley de ámbito universal que regule y ordene la convivencia humana:” Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Este mandato, es a su vez, raíz y esencia de la Religión Cristiana y lo que la diferencia de todas las religiones es este mensaje de amor de Jesús, que no solo predica el amor al prójimo, sino incluso el amor al enemigo y cuya ultima razón es la consecución de una fraternidad universal.
Nuestra “Regla al uso de las Logias Rectificadas” no desconoce el comportamiento a guardar en nuestra existencia terrenal: “ofrece a Dios el sacrificio de tu voluntad…y cumple las leyes que  El quiere que cumplas en tu existencia terrenal “(R. art. 1) y sobre todo, “imbúyete de este principio de caridad y de amor, base de esta Santa Religión Cristiana”.
El Cristianismo no se limita a unas verdades especulativas, exige la practica de los deberes morales que enseña (Regla) “Ama a Dios y a tu prójimo como a ti mismo, perdona a tu enemigo, consagra tu actividad y toda tu vida a la beneficencia, distribuye los bienes terrenales equitativamente”. En la práctica de estos deberes está la esencia de la religión cristiana y son cristianos todos los que siguen la doctrina de Jesucristo, cualquiera que sea la confesión cristiana a la que pertenezca.
Con el cumplimiento de estos principios y mandatos específicos se debía haber obtenido una paz terrenal, imagen y fruto de la Paz de Cristo, el Príncipe de la Paz. Pero el hombre que es naturalmente bueno, justo y compasivo (R.comp) no los ha cumplido, es evidente que está en contradicción consigo mismos y por ello, no se ha conseguido la paz Terrenal o Paz Social, deseada por Dios.
Son múltiples las causas que impiden la paz… Analizamos dos fundamentales:
-la injusta distribución de los bienes terrenales.
-Los enfrentamientos religiosos.
La plata ha dividido a los hombres y separado a los hermanos (R.Comp)
El Venerable Maestro con ésta máxima se está refiriendo a los bienes materiales y a la ambición del hombre para conseguirlos y retenerlos por encima de sus necesidades y en perjuicio de sus hermanos. Dice Pablo: “Nada hemos traído a este mundo y nada podremos sacar así que teniendo sustento y abrigo estamos ya satisfechos.
Pero los que quieren enriquecerse caen en la tentación y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición, porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos se extraviaron de la Fe y fueron atormentados con muchos dolores” ( 1ª de Timoteo 6:7 y ss.). Es de observar que lo que se recrimina es el amor al dinero, no a éste, que es medio necesario  para subsistir.
De los pecados capitales  más graves cometidos contra la Ley de Dios está La Avaricia: acumulación de dinero y bienes que deriva en el exceso de lujo y bienestar para unos pocos y la máxima pobreza para muchos.
Esta tremenda conducta del hombre, en ocasiones, se suele encubrir socialmente bajo la denominación de “crisis”, pero la realidad es que ésta no lo es de perfiles solo económicos, sino mucho mas profunda. Está vinculada a la pérdida de los referentes morales y de los valores éticos en una sociedad consumista, opulenta y autocomplaciente con el statu quo de injusticia social.
La Doctrina Rectificada, a través de la Regla, da la dirección precisa, acorde con la enseñanza cristiana; nos dice: “Si la providencia generosa te concede algo que te sea superfluo, guárdate de hacer de ello un uso frívolo y derrochador”.
 “Ella quiere que por iniciativa libre y espontánea te vuelvas sensible a la distribución equitativa de bienes. Que jamás la avaricia, la más sórdida de las pasiones, no envilezca tu carácter y que tu corazón se eleve por encima de los fríos y áridos cálculos que ella sugiere” (art.5-IV)
La segunda causa que indicábamos, impide la consecución de la Paz Terrenal, son los enfrentamientos religiosos.   No habrá paz mundial sin paz religiosa. 
La cuestión previa a considerar es la falta de unidad entre los cristianos. El Cristianismo se ha caracterizado a lo largo de la historia, por sus disensiones, odio, separaciones y guerras entre cristianos. Ello contradice el mandato evangélico recogido en el de Juan 17:21. “Para que todos sean uno; como tú en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste”.
Un obstáculo importante para la unidad de los cristianos ha sido la pretensión de los Católicos de la supremacía papal sobre todas las comuniones cristianas. Esta causa originó el gran cisma de 1054, cuando la Iglesia Ortodoxa y la Católica se separaron y más tarde por la misma causa nacieron la Anglicana y las Protestantes del norte de Europa.
En el pontificado de Juan XXIII hubo un  intenso movimiento ecuménico tendente a la unión de las iglesias cristianas, siendo la “unificación del Cristianismo” una de las cuestiones importantes tratadas en el Concilio Vaticano II. Anteriormente en 1948 se creó el Consejo Mundial de las Iglesias, con excepción de la Católica, a esta organización están adheridas 322 iglesias cristianas de mas de cien países.
En España, en la Dirección General de asuntos religiosos del Ministerio de Justicia, están inscritas diecisiete iglesias cristianas. Solamente la Católica tiene una protección fiscal y ayuda económica.
En la actualidad por lo que se refiere al mundo occidental, existe una aparente paz entre las confesiones religiosas. En Europa se concentran 550 millones de cristianos, una cuarta parte de los dos mil millones de cristianos existentes en el mundo. Desgraciadamente en otras partes del mundo  si estamos asistiendo a la persecución y extinción de ritos cristianos: el armenio, copto y siriaco, debido a los extremismos fundamentalistas de los países árabes. Situaciones como estas impiden poder hablar de paz entre religiones.
 Un grave problema se plantea en la America latina y principalmente en el continente africano, donde la actividad misionera de católicos, protestantes, anglicanos, evangelistas, adventistas etc. es politizada por poderosos jefes de tribu que según la aportación que se haga de bienes materiales: sanitarios, maquinaria agrícola, etc. permiten la actividad misionera de unas confesiones u otras, lo que crea entre ellas una fuerte rivalidad y luchas entre cristianos por la practica del “robo de ovejas”, es decir, por la captación de poblaciones enteras que perteneciendo a una obediencia, son captados por otra por una mayor aportación de riqueza y bienes materiales.
 Especial atención merece la continua desaparición de cristianos en el oriente medio y próximo debido a la presión ejercida por el Islam y la guerra de Irak, lo que hace presagiar una progresiva desaparición, a medio plazo, de la religión Cristiana en la tierra que la vio nacer.
Por lo que se refiere al mundo árabe y su religión el Islam, hay que considerar las relaciones pasadas, presentes y futuras con el mundo occidental cristiano. Solamente pueden llegar a convivir pacíficamente en aras de una mutua tolerancia material, porque sus ideas en profundidad son antagónicas.
La condición monoteísta es el único punto de encuentro entre ambos modos de entender y relacionarse con Dios y sobre todo el magma cultural que de ello se deriva tiene cargas que se repelen violentamente, cuando han tratado de dialogar.
En definitiva y ante la cruda realidad de los enfrentamientos pasados y presentes entre religiones, nos queda únicamente, la inolvidable obligación de amor al prójimo y la tolerancia para los creyentes de cada religión para dejarlos rezar en paz ya sea en una iglesia cristiana, en una sinagoga, en un monasterio budista o en una mezquita.
A nosotros Ms cristianos la “Regla” rectificada nos conmina a bendecir a la Providencia que “te ha hecho nacer entre los cristianos”. Profesa en todo lugar la Divina Religión de Cristo y no te avergüences de pertenecer a ella. El Evangelio es la base de nuestras obligaciones. Quien esto cumple es cristiano, puede pertenecer a las instituciones del Régimen Escocés Rectificado y ser parte de un solo rebaño. Juan 10:16 y ss. Con ello contribuiremos a conseguir la paz. 
No queremos terminar estas reflexiones sin hacer una breve referencia a la Paz en la palabra: la palabra es la voz de nuestro espíritu. Nada define tanto a una persona como el lenguaje que utiliza. En él damos a conocer nuestra personalidad en la que se integran: la formación cultural, las preferencias de gustos y aficiones, lo que pensamos y sentimos, la sinceridad de nuestros comportamientos y todo ello porque la unión de la palabra, inteligencia, corazón y actitud están íntimamente unidos.
“In fine” a través de la palabra volcamos al mundo exterior como somos. Existe una perfecta coherencia entre el ser y el hablar. Todo lo que se “es” acaba convirtiéndose en palabra.
La palabra es vehículo de alabanzas y elogios y también de las mayores ofensas y agravios. A través de ella se utilizan expresiones y se  emplean términos altamente soeces y antisociales y cuando esto se hace costumbre es difícil corregir y se termina contaminando a la expresión escrita.
En la Epístola Universal de Santiago 3:2 se dice: “Todos ofendemos muchas veces, si alguno no ofende de palabra es una persona perfecta, capaz también de refrenar todo su cuerpo”.
La Regla de la Doctrina Rectificada en su art.VI “Otros deberes morales con los hombres” nos dice: “Sírvete del don sublime de la palabra signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud”.
El  masón cristiano, debe dar ejemplo de expresión y de comportamiento, con ello influirá pacifica y eficazmente en el circulo social en el que se desarrolle su actividad. “Una sola gota de agua hace el mar mas grande”.
Son muchas las circunstancias a modificar en el mundo en que vivimos. Prestemos atención a las enseñanzas que se derivan de nuestros rituales y de la Regla, en los que se contiene la mas pura doctrina de Willermoz y siempre tengamos presente que no se puede cambiar el mundo exterior si no se cambia el interior.
I.O. eques ab Iustitia

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