“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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sábado, 6 de abril de 2013

Teólogos de hoy en día que profundizan en el verdadero sentido de la "Resurrección gloriosa" que Cristo nos presentó.








Nacido el 19 de marzo de 1928, en Sursee (Cantón de Lucerna), Suiza. Fue también catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga, Doctor en Filosofía y en Teología que estudió en la Universidad Gregoriana en Roma y en la Sorbona de París.
En 1962 fue nombrado oficialmente por el papa Juan XXIII como perito del Concilio Vaticano II. Colega de grandes teólogos de ésta época como Karl Rahner, Yves Congar, Edward Schillebeeckx, Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger.
Su trabajo se ha reflejado en una vasta obra, cuyo denominador común es el fomento de la mutua comprensión y la consolidación de una nueva ética mundial que posibilite la convivencia de las religiones.
 


JOSÉ ANTONIO PAGOLA (Añorga, Guipúzcoa, 1937), cursó sus estudios de teología y ciencias bíblicas en la Pontificia Universidad Gregoriana y el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y en L'École Biblique et Archéologique Française de Jerusalén. Ha sido profesor de Cristología en la Facultad Teológica del Norte de España (Vitoria). Autor de diversas obras de teología y pastoral, sobre Jesucristo ha publicado: Catequesis cristológicas (1975); Jesús de Nazaret. El hombre y su mensaje (1981); ¿Qué sabemos del Jesús histórico? (1983); Jesús y la misericordia (2005); Jesús ante la mujer (2006). En la actualidad es director del Instituto de Teología y Pastoral de San Sebastián. Desde hace siete años se dedica exclusivamente a investigar y dar a conocer la persona de Jesús. En PPC ha publicado Padre nuestro. Orar con el espíritu de Jesús (2-2003) y Salmos para rezar desde la vida (5-2004).




Cursó estudios en el Seminario de Santiago de Compostela y en la Universidad de Comillas, pasó dos años en Roma realizando su tesis. Es doctor en Filosofía y Teología. Es Profesor de Teología en el Instituto Teolóxico compostelá y de Filosofía de la religión en la Universidad de Santiago de Compostela. Es miembro de número de la Real Academia Galega y del Consello da Cultura Galega, asimismo fue uno de los fundadores y director de la revista Encrucillada: Revista Galega de Pensamento Cristián, y actualmente es director de la Asociación Encrucillada. Es miembro de los consejos de redacción de Iglesia Viva, Sal Terrae, Revista Portuguesa de Filosofía y Concilium






jueves, 4 de abril de 2013

La doctrina de la Orden y la “santa religión cristiana”




Directoire National Rectifié de France (Notas) el sábado, 23 de febrero de 2013 a la(s) 23:26

Hay que reconocer que perduran importantes confusiones a propósito del Régimen Escocés Rectificado, sobre las cuales se enuncian numerosos desprecios, turbando notablemente la naturaleza misma de la Orden, pues si bien es cierto que es cristiana en su esencia, lo es de un cristianismo dichotrascendente”, que no tiene estrictamente nada que ver con una concepción dogmática que es extraña al sistema iniciático edificado por Jean-Baptiste Willermoz, depositario de una enseñanza doctrinal introducida durante el Convento de las Galias en 1778.

a) Una doble estrategia iniciática 

Existe claramente, a fin de acceder al corazón doctrinal del Régimen Rectificado, que este último designa bajo el nombre de “Santuario”, una doble estrategia en el interior del sistema edificado por Willermoz:

1.- una destinada a aumentar en las almas su adhesión a la “santa religión cristiana”;
2.- otra haciéndoles entrever las verdades contenidas secretamente por el cristianismo definido como una auténtica iniciación.

Así, desde la fórmula del Juramento en el Grado de Aprendiz: “…prometo… ser fiel a la santa religión cristiana…” (Ritual del 1º Grado, 1802), hasta la Profesión de Fe de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa: “haciendo profesión pública de la religión cristiana, así como de la doctrina y las verdades evangélicas que ella enseña…” (Ritual de 6º Grado de C.B.C.S., 1784), se encuentran las mismas declaraciones haciendo proclamar a los Hermanos su adhesión a la religión cristiana y sus verdades.  

Esto es lo que enseña la Regla masónica: “Da pues gracias a tu Redentor; prostérnate ante el Verbo encarnado y bendice a la Providencia que te ha hecho nacer entre los cristianos. Profesa en todo lugar la Divina Religión de Cristo, y no te avergüences de pertenecer a ella. El Evangelio es la base de nuestras obligaciones; si no creyeras en Él dejarías de ser Masón”. (Regla masónica, Artículo I. Deberes hacia Dios y la Religión. 1802).

b) Las confusiones resultantes de la doble estrategia iniciática

Esta doble estrategia, que implica la adhesión al cristianismo y el acercamiento a los conocimientos secretos (que induce a error a algunas personas y les lleva a tomar la corteza por el núcleo), solo pretende en realidad dejar entrever el velo tendido sobre las verdades ocultas de la religión cristiana, que la perfeccionan, la enriquecen y esclarece sobre varios puntos particulares.

Nótese, por ejemplo, que la Profesión de Fe de los Caballeros se presta muy evasiva acerca de la naturaleza de la vida post mortem, haciendo decir al impetrante: “Creo en la vida futura y eterna, en la cual cada uno recibirá según haya merecido”, impetrante que recitará creer en la Iglesia de aquellos reunidos por la fe, no en los “dogmas”, sino en Jesús-Cristo: Finalmente creo en la Santa Iglesia universal y apostólica, visible e invisible, de los miembros reunidos por la fe en nuestro Señor y divino Maestro Jesús-Cristo”.

Y no es sorprendente que los términos de esta Profesión de Fe sean tan evasivos, puesto que, precisamente sobre este asunto, la enseñanza última de la Orden sostiene que la existencia del hombre después del juicio final, tras la resurrección de los muertos, será de una naturaleza no corporal, inmaterial y puramente espiritual.

Se está aquí pues, objetivamente, ante posiciones que no se recogen del dogma de la Iglesia, sino que participan de un cuerpo doctrinal que confiere al Régimen Rectificado una naturaleza doctrinal singular en el dominio del cristianismo, cuerpo sensible en todos los Grados, evidentemente, pero que se conserva plenamente en el “Santuario” más alto evocado.

Ciertas alusiones en la Instrucción del ritual del último Grado ostensible del Régimen son, a este respecto, fundamentales. Se dan indicaciones extremadamente importantes que conviene no descuidar bajo pena de confundir por completo la naturaleza del Régimen Rectificado y del cristianismo que en él se enseña.

c) El Régimen Rectificado opera sobre el “Santuario”

Podemos escuchar:

“Como Masón simbólico habéis estudiado la estructura y su exterior; como Novicio habéis entrado en el porche; como Caballero, acabáis de ser admitido en el Templo mismo y las puertas del santuario os han sido abiertas”. (Instrucción, Ritual de 6º Grado de C.B.C.S., 1784).

Las puertas del “Santuario”… ¿qué Santuario?

Una advertencia previene no obstante de que no todos son llamados a estos dominios:
“Pero, mi Bien Amado Hermano, no todos los Caballeros están penetrados por los rayos que de él emanan; los hay que, víctimas de la costumbre y los prejuicios, cierran los ojos con desdén y vuelven sobre sus pasos; otros, entrevén su brillo y su belleza, sin tener el valor de contemplarlos de manera persistente; finalmente otros, conscientes de su origen y la nobleza de su ser, no descuidan nada para hacerse dignos de contemplarlos. Sed de estos últimos, mi Bien Amado Hermano. Por una escrupulosa atención sobre vos mismo, apartad las prevenciones, comprobad vuestras fuerzas y, sobre todo, no descuidéis vuestra inteligencia, esa antorcha luminosa para aquellos cuyo amor por la Verdad es su único móvil”. (Ídem).
Hay pues un “Santuario”, según nos enseña la Instrucción de C.B.C.S., al que todos los Caballeros no están llamados, detentor de los “rayos de la Verdad”, abierto a aquellos que no descuidan ejercer su inteligencia teniendo por móvil el amor a la Verdad.

Esto es lo más interesante. 

d) La Orden es una clase de instrucción secreta

La instrucción da una advertencia solemne al nuevo Caballero, advertencia que muchos no comprenden: “…volvéis a ser aprendiz en un orden de cosas en la que el único y verdadero Maestro está en el cielo”, y más allá de esta advertencia, la Orden confiesa algo crucial:
“…la Orden de los Caballeros Masones de la Ciudad Santa os hace una confesión que no os otorga ningún derecho: es una clase de instrucción que fue durante largo tiempo tenida como secreta, y a la cual, éste que os habla en este momento no puede tener y no tendrá jamás acceso”. (Instrucción C.B.C.S., Ídem).
La Orden de los C.B.C.S., ¿es una clase de instrucción que fue durante largo tiempo tenida como secreta

¡Las palabras ciertamente se hacen cada vez más misteriosas!

e) La iniciación rectificada es depositaria de una “Ciencia Universal”

Si proseguimos nuestro examen para saber sobre qué trata esta instrucción tenida secreta, se cae sobre esta indicación: “la Iniciación perfecta debe ser una iniciación a los conocimientos generales y más elevados” (ídem).

¿Cómo, la iniciación perfecta, de la que se sabe que se guarda en el seno del Santuario según dice positivamente la Instrucción, concierne a conocimientos más elevados que los librados a los Caballeros, y que nos revelarían luces sobre el cristianismo bajo el nombre de “Ciencia Universal”?

Esto es exactamente lo que sostiene el ritual de los C.B.C.S.:
“…el conocimiento perfecto nos fue aportado por la Ley Espiritual del Cristianismo, que fue una iniciación tan misteriosa como aquella que la había precedido: es en ella donde se encuentra la Ciencia universal. Esta Ley descubre nuevos misterios en el hombre y en la naturaleza, ella se convierte en complemento de la ciencia. Es la más sublime, la más elevada, la más perfecta de todas las ciencias, en definitiva, la única a desear para un verdadero Caballero de la fe”. (Ídem).
Resumiendo: Más allá de las verdades de la santa religión cristiana, el cristianismo es pues una iniciación misteriosa detentora de conocimientos perfectos conocidos bajo el nombre de “Ciencia Universal”, de la que el Santuario de la Orden es el depositario.
  
Es muy acertado, y es en efecto lo que afirma claramente la Instrucción destinada a los C.B.C.S.

Conclusión: “aún existen Maestros en esta Ciencia importante…”

Muy bien, pero ¿cómo acceder a este Santuario y recibir las luces de esta “Ciencia Universal”, de la que se habrá comprendido que se trata de una enseñanza, es decir, de una “doctrina”?

He aquí la respuesta de la Orden; no habrá nada más explícito, puesto que el 6º Grado de Caballero Bienhechor de la Ciudad Santa es el último de los Grados ostensibles del Régimen Rectificado. Lo que se dice en este instante es, pues, al mismo tiempo poco y mucho. Leamos con atención:
“Todo lo que sabemos, todo lo que podemos revelaros de este secreto, es que aún existen Maestros en esta Ciencia importante. Enseñaros a buscarlos, deciros con qué signos pueden reconoceros, es satisfacer todos nuestros compromisos y, nos atrevemos a decíroslo, haberos rendido el más importante servicio que el hombre pueda esperar de sus semejantes”. (Ídem).
Como escribió Joseph de Maistre, a quien dejamos librarnos las últimas palabras sobre esta cuestión: Que otros, cuyo genio es dado a las contemplaciones metafísicas, busquen en la naturaleza misma de las cosas las pruebas de nuestra doctrina. (Memoria al duque de Brunswick-Lunebourg, 1782).