“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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sábado, 28 de septiembre de 2013

La Entrada al Santuario. Jean-Baptiste Willermoz



 

“He mencionado anteriormente la iniciación y el silencio exigido a los iniciados, porque efectivamente, después del comienzo del mundo, antes incluso del diluvio, ya existían las iniciaciones; pues cualquier iniciación supone el conocimiento de ciertas cosas ocultas al resto de los hombres; y veréis en ello el comienzo de la iniciación y de los compromisos masónicos. […] Desde el origen de las cosas temporales, y tan pronto como la generación humana comenzó a pervertirse, las Verdades esenciales a la felicidad del hombre puro han sido veladas, y ya solo han sido presentadas bajo velos a la multitud, lamentablemente siempre dispuesta a pasar por alto estas verdades a menudo no deseadas, o a abusar de ellas. […]  No os sorprenda pues, mis QQ.HH., si la institución masónica conduce a los hombres bajo el velo de un ceremonial figurativo, de alegorías, de símbolos y emblemas al conocimiento de su propia dignidad primitiva y al de la universalidad de las cosas originales, puesto que la divina providencia lo ha destinado así, y son llamados a ello por las disposiciones que les exige; pues la Entrada al Santuario está abierta para todos, pero no todos desean hacer los sacrificios indispensables para entrar en él. Multi vocati, pauci vero Electi [Muchos son los llamados, pocos los elegidos]”.

 Carta de Jean-Baptiste Willermoz a Achard, Lyon, de 11 de junio de 1804.

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