“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Phaleg: fundador de las “Justas y Perfectas Logias”.- Jean-Marc Vivenza


Extracto de su obra 
“René Guénon y el Rito Escocés Rectificado”

El libro del Génesis, en sus capítulos 10 y 11, nos enseña que Phaleg era un descendiente de Sem, uno de los tres hijos de Noé que supo preservarse de la influencia perversa de Cham. Así, el nombre de Phaleg, “sustituyendo” felizmente al de Tubalcaín en los rituales rectificados, nos indica que es claramente, y no tan solo a causa de una “piadosa locura” proveniente del espíritu perturbado de un “crisíaco” según “el amable” y caritativo juicio de algunos autores, que la reforma lionesa [del Régimen Escocés Rectificado] quiere situarse en la descendencia de Sem. Leamos sobre el particular lo que Jean-Baptiste Willermoz expone, en un argumentario circunstanciado y apuntalado del que no se puede mantener que dé signos particulares de perturbación intelectual producida por las visiones de la Señorita Marie-Louise de Vallière (1731-1814), canonesa de Remiremont, hermana por otra parte del caballero Alexandre de Monspey (1739-1807), i.o. Eques Paulos a Monte Alto, para justificar ésta erradicación de Tubalcaín convertida en necesaria, cuando la tenida del Directorio Provincial de Auvernia, en Lyon, el 5 de marzo de 1785:

“...No se ha considerado como contradicción dar al Aprendiz esta palabra de reconocimiento [Tubalcaín] después de haberle hecho dejar todos los metales que son el emblema de los vicios. En efecto, por una parte, se le enseña que no es sobre los metales que el verdadero Masón debe trabajar; y por otra, se le pone en situación de creer que Tubalcaín, el Padre e inventor del trabajo sobre los metales, sería el primer institutor de la Masonería elevada.
Si Tubalcaín fue el fundador de una iniciación cualquiera, podemos ver cuál pudiera ser su objeto y objetivos por lo que de él dicen las Escrituras, y en este siglo en que tantos Masones se ocupan de la alquimia, un Régimen que conoce los peligros de tales prácticas no debe conservar un nombre que si se ha perpetuado ha sido por la ignorancia o la falta de atención de unos cuantos que no se han apercibido de ésta relación y ésta inconsecuencia, y están por ello todavía ligados a aquéllos que se ocuparían en imitar a Tubalcaín, que fue el primero en tratar los metales.Si de esta observación se pasa al examen del tiempo en que vivió Tubalcaín, podremos apreciar que fue antes del diluvio, azote por el cual Dios quiso borrar de la faz de la tierra las obras de los hombres. Si la iniciación de Tubalcaín se ha propagado, ésta es impura, y parece importante romper todas las relaciones con ella, motivo por el que se hace dejar a los Masones los metales, emblema verdadero y conservado en todos los Regímenes, como para separarlos de aquél que los trabajó primero.Es después del diluvio, en el tiempo de la confusión de las lenguas, que encontramos la razón de la fundación de una iniciación secreta que ha debido perpetuarse y que es el objeto de búsqueda de los Masones.Un estudio de la verdad hecha desde las más puras intenciones ha conducido a aprender que es en los descendientes de Sem donde hay que buscar la fundación de la verdadera iniciación. Sem fue bendecido por Noé, y es fundado creer que Phaleg, hijo de Heber y descendiente de Sem que fue padre de todos los hijos de Heber, es el fundador de la única y verdadera iniciación, y este motivo parece determinante para sustituir el nombre de Tubalcaín por el de Phaleg. Cham, maldito por Noé, habrá tenido su iniciación: todo parece probarlo, y que su palabra de reconocimiento habrá sido Tubalcaín; es el emblema de los vicios, y conviene a los hijos de Chanaam quienes la habrán transmitido; pero debemos recordar que ha sido dicho: que Chanaam sea maldito, que sea respecto a sus hermanos el esclavo de los esclavos”.

Phaleg encarna pues, como nos ha sido ampliamente demostrado aquí por Jean-Baptiste Willermoz, en tanto que fundador de las “Justas y perfectas Logias”, la verdadera “Tradición”, la iniciación santa y pura de los “hijos de Dios” que se han mantenido en la gracia del Eterno. Por otra parte, Daniel Fontaine, en un artículo tratando sobre esta cuestión, señalará justamente esta elección prometida de fecundas bendiciones, por una juiciosa observación semántica: “...la raíz del nombre de Phaleg es PHAL y quiere decir una elección, una puesta a parte, al mismo tiempo que una germinación [...]” (D. Fontaine, À propos de Phaleg, Les Cahiers Verts nº 10-12, Grand Prieuré des Gaules, 1992). Así mismo Jean Tourniac, fundándose en las mismas conclusiones semánticas, lanza esta sabia y solemne advertencia dirigida a los adversarios del sentido que representa Phaleg para el Rectificado: “Si la profecía de Phaleg, tal como la relata la tradición judía, no es “regocijante” –y la Verdad no tiene porqué ser consolante como recuerda René Guénon- ella es altamente saludable para los Masones “que tienen dos ojos para ver y oídos para oír”, y que están atentos a los signos, como el de la Torre de Babel. La maldición profética tiene valor de advertencia divina y sería imprudente “combatir” a Phaleg, por así decirlo, sea considerándolo como descalificado por la Orden masónica a consecuencia de su presencia en los grados azules del Rito Rectificado o inversamente” (J. Tourniac, Un nom très juif dans un rituel très chrétien : un certain “Phaleg”, in Vie et perspective de la Franc-Maçonnerie traditionnelle, Dervy, 1978, p. 174).




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