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lunes, 3 de junio de 2013

El cuerpo de Adán según la doctrina Martinesista



Publicado por lecrocodiledesaintmartin 


Tres nuevas Lecciones de Lyon han sido actualizadas por Catherine Amadou en el fondo de los archivos de la Biblioteca Municipal de Grenoble[1], donde conserva sus tesoros, sabiendo que Léonard-Joseph Prunelle de Lierre (1741-1828), i.o. Josephus eques a Tribus oculis, administrador de la comunidad de Grenoble desde 1795 y por entonces Diputado en el Convento, habiendo sido discípulo de Saint-Martin desde 1776, pasando los últimos años de su vida con intensa devoción traduciendo los Salmos y el libro de Isaías fue, con Joseph Gilbert, uno los íntimos más próximos al Filósofo Desconocido.

La reproducción de un extracto de la lección de 17 de abril de 1776, intitulada “Sobre los números”, podría eventualmente provocar cierta turbación en los “sarcófilos” no arrepentidos y alejados de la doctrina martinesista, puesto que podemos leer en el pasaje siguiente: “El hombre es la imagen y semejanza del Creador, es por su cuerpo que es la imagen, y por su espíritu que es la semejanza. Pero ¿cómo su cuerpo puede ser la imagen de un ser infinito que no tiene ningún cuerpo? Ello es así porque es la imagen reducida de la imagen o del plan espiritual que el Creador concibe al comienzo de los tiempos para la creación universal que da a ejecutar a sus agentes; así, en este sentido, él es la imagen corporal de la imagen espiritual divina[2].

Nada de sorprendente en estas líneas, pues el desarrollo corporal de Adán antes de la Caída, estando destinado “a operar temporalmente las voluntades del Creador” (Tratado 230), era un desarrollo corporal glorioso, ciertamente “imagen corporal de la imagen espiritual divina”.

Por todo ello se puede deducir, con cierto entusiasmo que nos hace sonreir ante algunos fantasiosos intérpretes del pensamiento de Martines, que esta imagen corporal “de la imagen espiritual divina”, de la cual Adán se beneficiaba antes de la Caída, “contradice completamente la interpretación que dan al cuerpo ciertos exégetas contemporáneos, pretendidamente (sic), ¿según Martines de Pasqually?”.

Evidentemente no, pues simplemente se olvida por completo algo que es elemental y fundamental sobre el asunto de la antropogénesis, a saber, que entre la forma corporal original de Adán, y aquella de la que está revestido hoy en día, se ha producido una tragedia: la Caída original.

Y esta tragedia ha modificado “substancialmente” la naturaleza corporal de Adán, pues Adán está provisto en el presente de una naturaleza corporal “degenerada” según Martines.

Esto es lo que escribe el taumaturgo bordelés: “Usted sabe que el Creador emanó a Adán hombre-Dios y justo de la tierra y que estaba incorporado en un cuerpo de gloria incorruptible. Usted sabe que, cuando él hubo prevaricado, el Creador lo maldijo a él personalmente, junto a su obra impura, y maldijo después a toda la tierra. Usted sabe también que, por esta prevaricación, Adán degeneró de su forma de gloria a una forma de materia terrestre”. (Tratado, 43).

Esta degeneración ha “operado” una transmutación del cuerpo de gloria en una forma material pasiva de la cual el actual menor está constituido, que no soporta ya ningún contacto con la materia tenebrosa sin destruirla: “teniendo en cuenta que ninguna materia puede ver y concebir el espíritu sin morir o sin que el espíritu disuelva y aniquile toda forma de materia en el instante de su aparición”. (Tratado, 38).

Como escribe Jean-Marc Vivenza, sobre quien nos apoyamos para desarrollar nuestro análisis: “Es pues absolutamente imposible que haya podido permanecer, ni siquiera un simple rastro, por muy ínfimo que este fuese, del cuerpo de gloria original de Adán en la forma material impura actual que ha recibido en ‘punición de su crimen horrible’, pues si tal fuese el caso, esta traza subsistente habría sido inmediatamente un factor de disolución o de aniquilación de toda forma de materia. Así, y esto es fácil de entender, la ‘substancia de esta forma material’ (Tratado, 70) en la cual es aprisionado Adán (…) está destinada al mismo fin que todo lo que es forma de materia aparentemente sólida pasiva, ella debe desaparecer ‘en el tiempo prescrito y limitado por el Creador’ (Tratado, 91)”[3].

Esto mismo indicaba Robert Amadou en su tiempo (+2006): “La materia reintegrada significa la materia aniquilada, puesto que siendo nada su principio, su reintegración sólo puede hacerse en la nada, es decir, que desaparecerá, excepto las formas transmutadas[4].

Así, a cada menor le espera no una “espiritualización de su carne” corrompida sino su aniquilamiento, es decir, “la reintegración de su forma corporal solo se operará por medio de una putrefacción inconcebible a los mortales. Esta putrefacción es la que degrada y borra por completo la figura corporal del hombre y hace que se aniquile, lo mismo que el sol hace que desaparezca el día de la superficie terrestre cuando la priva de su luz”. (Tratado, 111).

Así es, la reintegración de la forma corporal material impura, según la doctrina  martinesista verdadera, esto es, no reinterpretada según un prisma deformante impregnado de concepciones teológicas, es un acontecimiento que no tiene nada que ver con los sueños ingenuos de algunos sarcófilos mal inspirados que traicionan alegremente el pensamiento de Martines en beneficio de sus visiones personales fundadas sobre opiniones religiosas.


[1] Renaissance Traditionnelle, nº 168, octubre 2012.
[2] Ibid., p. 214.
[3] J.-M. Vivenza, La doctrine de la réintégration des êtres, (Appendice IV, la transformation substantielle d’Adam), La Pierre Philosophale, 2012, p. 199.
[4] Robert Amadou, Entretien avec Michel Cazenave, France-Culture, « Les Vivants et les Dieux », 4 mars 2000.
 

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