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sábado, 6 de diciembre de 2014

Las dos ramas distintas de la Tradición.- Jean-Marc Vivenza

“Caín decidió ofrecer culto a los falsos dioses o príncipes de los demonios, para que le dotasen de un poder superior al que su hermano Abel había recibido del Creador…” [61]. “Caín, primogénito de Adán, es el modelo de esos primeros espíritus emanados por el Creador y su crimen es el modelo de aquel que estos primeros espíritus cometieron contra el Eterno. Abel, segundo hijo de Adán, constituye por su inocencia y santidad el modelo de Adán emanado después de estos primeros espíritus en su primer estado de justicia y gloria divina. Y la destrucción del cuerpo de Abel, operado por Caín, su hermano mayor, es el modelo de la operación que los primeros espíritus hicieron para destruir la forma de gloria con la que el primer hombre fue revestido, haciéndole de esta forma susceptible de estar como ellos en privación divina. He aquí la explicación cierta del primer modelo que forman Adán, Caín y Abel, por los trágicos acontecimientos ocurridos” [68].
Tratado de la Reintegración de los seres, Martines de Pasqually

Extracto de la obra de Jean-Marc Vivenza
"La Iglesia y el sacerdocio según Louis-Claude de Saint-Martin":

“Pero en el origen, o más exactamente desde la brutal división que se estableció entre los cultos celebrados por Caín y Abel el Justo, la ‘Tradición’ se va a separar dividiéndose en dos ramas distintas absolutamente antagónicas y opuestas entre sí, haciendo que no sea posible conferir un carácter unívoco a la noción de ‘Tradición’, como suele tomarse en el caso de la mayoría de autores tradicionales, sino que este tiene una doble esencia, constituyendo:

1º.- una rama abeliana pura y santa dicha “no apócrifa”, pues posee los elementos  del culto verdadero y de la “Santa Doctrina” que la acompaña;

2º.- una rama cainita, positivamente apócrifa, extraña y totalmente ignorante de los elementos del verdadero culto y de la “Santa Doctrina”.

Así, los dos cultos, el de Caín y el de Abel, darán nacimiento, desde el origen de la Historia de los hombres, a dos tradiciones igualmente antiguas o “primordiales”, si se quiere utilizar este término, pero en ningún modo equivalentes desde el punto de vista espiritual. Las etapas que llevarán a buen término la Revelación del Divino Reparador participarán pues de los elementos propios de la religión primitiva transmitida por la Tradición no apócrifa, establecida desde los orígenes sobre ‘una Palabra, un Culto y una Ley’, tres elementos que fueron preservados en el seno de la larga cadena que desde Adán hasta Cristo (Abel, Seth, Elías, Enoc, Noé, Melquisedec, Josué, Zorobabel, etc.) ha sido detentora de las bases del sacerdocio confiado a Adán por el Eterno”.


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