“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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martes, 10 de diciembre de 2013

Sólo la Orden es el principio del Régimen Rectificado






Durante el Convento de las Galias fue decretada una ley que se convertirá en el principio mismo del Régimen Escocés Rectificado: es la “Orden”, considerada como base y principio, y no como estructura obediencial, la que legitima y funda la regularidad de las Logias:

Las Logias no son más que sociedades particulares, subordinadas a la sociedad general, que les da la existencia y los poderes necesarios para representarla en la parte de autoridad que les confía; que esta autoridad parcial emana de la que reside esencialmente en el centro común y general de la Orden…” [1]

Por lo tanto se requiere que puede ser erigida una Orden iniciática de esencia caballeresca, pero de una caballería completamente espiritual, destinada a librar una batalla sutil que se halla en lo invisible, capaz de luchar, no para restablecer una Orden material  desaparecida en el curso de la Historia en el siglo XVº, la del Temple, sino contra los restos de la degradación original, participando de un combate susceptible de reducir y abatir a las fuerzas que aprisionan a los seres en los obscuros calabozos del dominio de las sombras desde la Caída.

René Guénon (+ 1951) sobre este punto supo recordar con pertinencia lo que golpea la masonería moderna cuando se aplica a sus formas tradicionales el modelo de las estructuras profanas:

Esta ‘degeneración’, si no cambia en nada la naturaleza esencial de la Masonería, hace perfectamente explicables las numerosas desviaciones que se han sucedido durante tres siglos, y cuya organización bajo su forma “obediencial”, en estructuras que presentan el defecto evidente de “haber sido calcadas bajo la forma de los gobiernos profanos”, es un carácter muy sintomático de esta modernidad [2]

Es por lo que -para rendir homenaje a Marius Lepage (+ 1972), gran masón que tomó la iniciativa de invitar al Reverendo Padre Michel Riquet a la logia- se podrían añadir estas líneas que no habrían repudiado a Willermoz:

La Orden es de esencia indefinible y absoluta; la Obediencia es sumisa a todas las fluctuaciones inherentes a la debilidad congénita del espíritu humano[3].

Está claro, dado que en nuestros días se ha perdido gran parte de la comprensión de lo que es la “Orden” según los criterios del Régimen Rectificado, y que ya es hora de volver de nuevo a los principios de la Reforma de Lyon, tal como figura en una de las Instrucciones citadas en el Convento de las Galias:

Buscáis remontaros al objeto primero de la Iniciación masónica y acabamos de vincularos a una Orden que corresponde a aquellos que únicamente pueden instruiros. Si sabéis algún día haceros reconocer como a un verdadero Caballero Masón de la Ciudad Santa; si construís constantemente en el templo del Señor; (…) podréis concebir la esperanza de alcanzar el objetivo deseado” (Instrucción del 5º Grado, 1778).



[1] Código Masónico de las Logias Reunidas & Rectificadas de Francia, tal como ha sido aprobado por los Diputados de los Directorios en el Convento Nacional de Lyon, 5778.
[2] R. Guénon, Apreciaciones sobre la iniciación, Cap. XIV, « De las cualificaciones iniciáticas » & Cap. XXIX, « Operativo » y « Especulativo ».
[3] Marius Lepage, L’Ordre et les Obédiences, Histoire et Doctrine de la Franc-Maçonnerie, 1956, p. 8.

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