“Sírvete del don sublime de la palabra, signo exterior de tu dominio sobre la naturaleza, para salir al paso de las necesidades del prójimo y para encender en todos los corazones el fuego sagrado de la virtud” (Regla al uso de las Logias Rectificadas, Artículo VI-I)

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lunes, 13 de agosto de 2012

La masonería y los Templarios. Joseph de Maîstre

Memoria dirigida por Joseph de Maîstre 
al duque Ferdinand de Brunswick-Lunebourg,
Gran Maestro de la Masonería Escocesa
de la Estricta Observancia,
con ocasión del Convento de Wilhemsbad de 1782

"Luego, si podemos concebir y ejecutar nuestros planes con la mayor libertad, ¿debemos dejar subsistir alguna cosa de la Orden de los T(emplarios)? Aunque no ignoramos que, sobre esta cuestión, varios hermanos se han pronunciado afirmativamente[1], parece, sin embargo (si ello no les incomoda en gran manera), que multitud de consideraciones deben llevarnos a la opinión contraria.

Si se quiere, pasemos por alto el palpable inconveniente de exponernos en vano, y correr el riesgo de alarmar a gobiernos suspicaces sin ningún aspecto favorable para nosotros ni para nuestros semejantes[2]. Ya hemos hablado bastante sobre esta consideración. Juzguemos mejor las cosas por sí mismas.

La idea de un monje soldado no podía nacer más que de una cabeza del siglo XII. Pero que en el siglo XVIII exista una sociedad que tenga como objetivo principal celebrar las desgracias de una de esas fraternidades guerreras, y que se honre pertenecer a ella por una filiación más que sospechosa, es lo que puede parecer un poco singular.

Hablemos solamente de la Orden de los T(emplarios), ¿por qué razón merecen la consideración del género humano? Protegían, se dice, a los cristianos que su piedad conducía al Santo Sepulcro. Pues bien, todos esos cristianos hubieran hecho mejor rogando a Dios en sus parroquias[3]. Es a ellos a quien se debería decir:

            Est-ne Dei sedes nisi Terra et Pontus et Aer?
            Et coelum et Virtus? Numen quid quoeritis ultra?[4]

Y aunque tuviéramos en cuenta a los Caballeros T(emplarios) este pequeño mérito, estaremos obligados a reconocer que no lo conservaron durante largo tiempo. Sesenta años después, vemos su institución en Francia y en el resto de Europa; y desde entonces se sabe cuál fue su conducta. A Dios no le place que se intenten adoptar las horribles acusaciones en contra de esos desventurados. Pero reconozcamos también que el hombre estimable no tiene necesidad de probar que no es un monstruo. Es cierto que las costumbres de los T(emplarios) eran malas; y quizás no haría falta otra prueba que la de la opinión pública, a la vista de una expresión proverbial que cuatro siglos más tarde aún podemos encontrar en la lengua francesa[5].

Parece pues que todo nos invita a romper completamente con la Orden de los T(emplarios). Todos los cambios proyectados nos muestran esa necesidad. Nos preguntamos si no es un escarnio renunciar a los bienes, a la regla, al nombre e incluso al hábito de la Orden, y sin embargo obstinarse en querer ser un T(emplario). Si se puede hablar claro, diré: es a la vez querer serlo y no serlo. En una palabra, si la masonería no es más que un emblema de los T(emplarios), ésta no es nada, y es preciso trabajar sobre un nuevo plan. Si por el contrario es más antigua, razón de más para que los hombres renuncien a las vanas fórmulas y dejen las palabras por los hechos.

Se puede objetar que hay razones para creer que los T(emplarios) estaban In(iciados). En ese caso, tendremos motivo para asombrarnos de que hubieran aprovechado tan poco conocimientos tan sublimes. Por lo demás, es cierto: 1º: que la In(iciación) es más antigua que los T(emplarios); 2º: que subsistió después de ellos; 3º: que para propagarse entre los hombres elegidos no necesitó del ministerio exclusivo de sus pretendidos sucesores. Luego, suponiendo que los T(emplarios), o lo que parece más probable, algunos de ellos, hubieran poseído la ciencia, no sería razón suficiente para nosotros pretender identificarnos con su Orden.

Parece incluso que debe darse un paso más y proscribir absolutamente en la nueva formación todo lo que tenga que ver con la caballería. Esta especie de instituciones son excelentes, pero hay que dejarlas en su lugar. La nobleza es una de esas plantas que no puede vivir si no es al aire libre. ¿De qué sirve un caballero creado a la luz de las velas en el fondo de un apartamento, cuya dignidad se disipa cuando se abre la puerta? En general, desearía vivamente ver desaparecer todas las palabras que no signifiquen hechos.

Como es lógico, antes de construir, hay que allanar el suelo, y nos ha parecido conveniente examinar lo que no debemos ser, antes de buscar lo que debemos ser. No queda más que tratar de esta segunda cuestión".

[1] Tal era la opinión de Willermoz, como escribió a Maîstre el 9 de Julio de 1799 (expediente Iluminados).
[2] La tesis del origen templario tenía un carácter más bien hostil ante la Monarquía y el Papado.
[3] Maîstre cambiará más tarde su opinión sobre las Cruzadas. Cf. Du Pape, discurso preliminar, y 1. III, Capít. VII. “Nunca he podido soportar que hablaran en contra de las Cruzadas. Son palabras de villanos”, escribía él mismo, el 20 de Julio de 1819 al oficial de la marina rusa que lo había traído de Rusia a Francia. Oeuvres complètes, tomo XIV, pág. 180.
[4] ¿Acaso Dios tiene otra sede que la Tierra, el Mar, el Aire, el Cielo y la Virtud? ¿Por qué buscáis en otra parte la divinidad? - Lucain.
[5] Beber o jurar como un templario.

1 comentario:

  1. xquisito...compañeros..vais bien en la senda...construir es servir y viceversa...gracias...tres puntos no siempre son puntos suspensivos,sino como este caso digno reflejo de la orden...

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